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Cielo parcialmente nublado; afuera no sé.

lunes, 15 de diciembre de 2014



EL DÍA QUE SE HIZO TARDE

Cada noche te esperaba,
con las mismas ganas locas,
de que llegaras temprano,
de desarmarme en tu boca

Y venías tú y la noche
y la noche y tú venían
a dejar que yo vertiera
en tu cuerpo fantasías.

Pero un día se hizo tarde
pensé que solo era eso
porque la noche sí vino
y no dejó de darme un beso.

Un día, otro día y otro
me demostraron sin duda
la noche es mejor que tú
la noche es más fiel que oscura.

Zarandeé los recuerdos
dando vueltas en la cama
y en una de tantas vueltas
me encontré la madrugada

De un salto me fui a buscarte
por donde solías venir
y te vi, maldito seas
igual que te vi partir.

Un soplo de amor di al viento
por si te lo hacía llegar
pero hasta la misma brisa
se cansó de ir detrás

Un día, otro día y otro
me demostraron sin duda
la noche es mejor que tú
la noche es más fiel que oscura.

Nunca supe los motivos
todavía los ignoro
y aunque no lo creas, por Dios,
te juro que aún te añoro.

Me abandonó la cordura
cuando dejaste mi vida
como el tiempo a las paredes
así tu amor me hizo ruina.

El día que se hizo tarde
pensé que solo era eso
porque la noche sí vino
y no dejó de darme un beso

Un día, otro día y otro
me demostraron sin duda
la noche es mejor que tú
la noche es más fiel que oscura.






                                                                




Suena imposible.
Suena a que no me acuerdo de tus canciones.
Suena que te odio y que te quiero y que te voy a echar de menos.
 

lunes, 3 de noviembre de 2014




Entre tú y yo la reciprocidad se reduce a cero; y si no hay reciprocidad no hay intercambio y si no existe intercambio nunca habrá redistribución. Nunca seré un nombre entre tus cosas. Nunca seré un lugar entre tus rincones. Ni esa película en el cine, ni esa canción de Leonardo Favio. Quizá tampoco puedas echar el humo como Sabina o resumir tu vida en un cigarro. Ni ser mi agua, ni dulce golosina. Hasta para mí resultas demasiado egoísta y por ello, a partes iguales, entumeces tanto mi ilusión como mi empatía.Cada vez lo tengo más claro, tu célula eucariota no entiende a mi mitocondria y yo pataleo, me enrabio y me callo. Porque sí, cada vez lo tengo más claro. 








Empieza a entrar el aire en estos pulmones…



lunes, 22 de septiembre de 2014



Nunca sentiste el menor remordimiento cuando cada mañana te metías mis entrañas en el croissant y me tragabas y masticabas con detenimiento, cuidadosamente y pensando “sé que no va a gritar, sé que no lo hará nunca”. Al fin y al cabo, yo solo era capaz de tenderme en el plato y dejarme untar de mermelada. Quise creer que disfrutar y devorar compartían más que la inicial, pero me equivocaba puesto que ante el vacío de tus oquedades únicamente me necesitabas como sustento y por ello te alimentabas de mí.


Resultaba difícil determinar quién realmente eras porque todo lo que ganabas con tu labia terminabas perdiéndolo por ese típico afán tuyo de acaparar el primer plano. Llegó un momento en el que ni conmigo los focos te quedaban bien y no tuve otra opción que supervisar la escena desde el otro lado y comprobar que lo tuyo no era problema de la luz. Podía haberte despedido, pero confieso que a la cámara le gustaba esa elegancia con la que me hacías perder el control. Toda la trama del guión recayó así en la curiosidad de cuál sería el próximo lugar donde olvidarías la memoria.

  
El éxito fue rotundo y con el apoyo de crítica y público a mí ya no me necesitabas para nada. Fue entonces, sin haberme devuelto ni siquiera las gracias cuando cambiaste mi historia por otras y aunque hoy hace mucho que ha dejado de importarme te sigo guardando el “de nada” por si algún día te me plantas de mera casualidad repitiendo aquello de “piadosas fueron todas mis mentiras...”.








He aprendido que amar y querer y desear pueden pasar la noche en la misma cama e incluso prepararse el desayuno pero que por muy bien que hagan el café y jamás hayan dejado quemadas las tostadas, las prisas de primera hora de la mañana les hacen caducar.